Josep Tero declara su amor al Mediterráneo en ‘Fronteres’
El cantautor de L’Escala presentará el
disco el domingo en la sala Luz de Gas
Maria del Mar Bonet y Marina Rossell
participan en un CD impregnado de mar

- Los cantautores Josep Tero y Maria del Mar Bonet, ayer, en Barcelona.
Foto:
GUILLERMO MOLINER
- NÚRIA MARTORELL
- BARCELONA
- Mientras él nacía, su abuelo, astrónomo y pescador, le daba la bienvenida
tocando la bandurria. La música y el Mediterráneo han mecido a Josep Tero desde
antes incluso de tener uso de razón. El cantautor de L’Escala (Alt Empordà)
recoge los «muchos lenguajes de la canción, mezclados con la geografía más
cercana y el colorido del mar» en su nuevo disco, Fronteres, con la
voluntad de «frenar la feroz invasión anglosajona». El álbum, el octavo de su
inquieta discografía, lo presentará en Luz de Gas, el próximo domingo, invitado
por Barnasants.
Desde Empúries (primera colonia griega de España), directo a
Alejandría. La pasión de Josep Tero por estas tierras, y por el imaginario de
Kavafis, late en cada una de sus nuevas canciones.
El artista explica que el
punto de partida (y de inspiración) fue la canción El fill d’Andrònic
(Macedonia, siglo X). Guiado por las palabras que el padre le dice a su hijo
guerrero «deja de una vez las armas de matar y coge las del amor», Tero fue
elaborando las canciones de este delicado álbum. Un trabajo en el que vuelca sus
sentimientos al ver los iconos heridos del monte de Athos (fruto de la agresión
turca en territorio griego), y los enlaza con otra canción, la menorquina El
rei moro (otro ejemplo de agresión entre pueblos mediterráneos). «Sentí la
necesidad de explicar cómo a veces nos inventamos fronteras innecesarias,
dañinas, y nos olvidamos de otras importantes como las del respeto, la
lengua».
CONEXIÓN CON LA TIERRA / Tero considera que los cantautores son
«portavoces de la normalización». Sabe que tienen un proyecto prioritario:
«Hacer país; un país que existe porque se canta en catalán. Porque hasta que no
aparecen los cantautores, la gente no reconoce su conexión con la tierra, con su
pueblo», subraya.
La influencia de Lluís Llach en Tero va más allá de la
coincidencia de que los dos son ampurdaneses. Ambos han hecho de Grecia un feliz
destino. «Sí, pero él navega y yo subo las montañas», puntualiza, entre risas.
De hecho, Tero debutó ante el público en un recital con Llach y Marina Rosell en
1982. Y, desde entonces, no se ha cansado de divulgar la poesía catalana y la
canción tradicional, de enarbolar el compromiso, la defensa del medio ambiente y
de las libertades... y siempre, con una clara autoexigencia de calidad
musical.
En Fronteres, relata «el bombardeo de la aviación fascista»
que sufrió en 1939 su pueblo, L’Escala, un 23 de gener --así titula la
pieza--; pone música al poema de Miquel Martí i Pol Tot té un gest
--bautiza la canción Amb un gest--; adapta una canción tradicional griega
en Jo, Rocaguinarda --en la que menciona desde Andrònic hasta
Serrallonga--; y compone un impactante canto ecologista en Tornarem a tenir
barques.
«Josep Tero tiene todavía mucho camino por recorrer, para
enseñarnos de dónde sale toda su poética», apunta Maria del Mar Bonet, que en el
disco participa en Cor i arbre. «Nos une una complicidad intensa y
antigua: yo tenía 14 años cuando programé un concierto de Bonet en mi pueblo,
cuando ella tenía solo 18», recuerda Tero. Pero ella no es la única voz femenina
invitada: Marina Rossell canta en Jo, Rocaguinarda. «Tero, con sus
canciones de fronteras –espirituales o físicas–, nos empuja hacia emociones como
la amistad, solidaridad, alianza, armonía, diálogo, compañerismo», escribe Jaume
Fàbrega en el libreto que acompaña al disco.
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